viernes, 22 de junio de 2007

Derby Day.


Maldonado llegó envalentonado, exaltado, excitado, furibundo. Llegó como siempre. Con Martínez jugábamos dominó, claro, hasta que Maldonado arrojó el diario a la mesa tirando nuestras fichas al suelo y poniendo fin a nuestro partido.

- Que van a querer, ¿Parrillada o Comida china?

Ambos arrojamos una mirada a Maldonado con ganas de arrancarle los ojos. Al parecer se dio cuenta que fue algo inoportuna su entrada, nos miraba como esperando un combo. Con Martínez nos hubiéramos peleado para cumplir esa profecía.

- Miren, está marcadita la página. ¿La ven?

Atiné a mirar la página que nos decía Maldonado. En eso Martínez me quitó el diario.

- ¿Y esto? Me vas a decir que por esta cuestión botaste mi juego!!!

- Viejo, a las cinco y media corren el Derby, y tengo un dato fijo. Si nos apuramos alcanzamos a llegar. Por lo menos ocho veces lo apostado, ¿que me dicen?

Ahora la mirada de Maldonado esperaba que le dijéramos que sí. Sin embargo, Martínez no se mostraba muy convencido.

- Que quieres que te diga....

- Mira cada uno pone cinco lucas podemos ganar hasta 120 lucas huevón!!!

Martínez fijó su mirada hacia los baños. Después de un breve lapso mi miró y dijó.

- Que sean diez cada uno. ¿Te parece flaco?

No me quedaba otra, tuve que hurgar en mi billetera y sacar las últimas diez lucas que tenía de ahí a fin de mes.

Maldonado me las arrebató de la mano como si fuera un lanza condecorado, de ahí recibió las de Martínez y se las echó al bolsillo.

- Ya pues, decídanse, parrillada o comida china, porque el dato es fijo y la comilona también cabros. Miren, ahí mismo sale la foto del caballo.

Era un pedazo de animal. El monstruo ese pesaba mas de 500 kilos, tenía una estampa brillante, y el pelaje negro del desgraciado parecía más un paño de la mejor mesa de pool de Santiago. Sin duda era un buen dato, al menos por pinta no se quedaba.

Cuando Martínez vio la foto se sintió ganador de inmediato, y sin poder cerrar los ojos dijo:

- Parrillada po viejo, está diciendo no!!!.

- Ya pues, vámonos entonces, van a ser las cinco y esta cuestión es en media hora más.

Salimos raudos del bar, como los mismos caballos que en media hora más iban a salir del partidor buscando llegar primero a la meta. Lo hacíamos con ganas de cambiar un poco de ambiente esa noche, de vez en cuando no estaba mal cambiar el humo del bar por el apetitoso aroma de la carne asada.

A las cinco y veinte llegamos al Teletrack. En la sucursal ya no cabía nadie más. Todavía no comprendo como pudimos hacernos un espacio dentro del local y llegar hasta la ventanilla para apostar las treinta lucas que habíamos acordado. Maldonado guardó el boleto en su bolsillo, no sin antes darle un beso algo exagerado.

- Ya cabros, estamos listos, vamos a ver la carrera.

En la pantalla se veía el hipódromo repleto, con carpas en el patio central, los palcos llenos hasta las banderas y las largas filas de apostadores repletando las boleterías.

Pasaron los diez minutos como si fueran dos, los caballos ya estaban dentro del partidor, y nosotros aferrándonos a ganar una cena para comer como cerdos.

- ¡¡¡Paaaaaaaaaaaartiieeeeeeerooooooon!!!

Al tradicional grito del locutor lo siguió un grito desagarrador de todo el Teletrack, parecía que todos estaban haciendo fuerza para empujar un poco al caballo de sus apuestas.

- ¡¡¡Ahí va huevón, ahí va, va primero huevón, va primero!!!

Maldonado nos tenía agarrados de los brazos y saltaba sin despegar los ojos de la pantalla. Con Martínez poco a poco pegábamos los ojos en la carrera, y poco a poco nos iban consumiendo las ganas para que terminara todo con nuestro caballo llegando primero a la meta.

La carrera tenía que durar aproximadamente dos minutos, tiempo en que se cubrían los 2400 metros de la competencia. Ya cuando llevaban 1900 recorridos, y nuestro caballo seguía primero, la adrenalina ya nos había capturado. De pronto me encontré gritando y saltando con Martínez y Maldonado como se estuviera loco. El caballo seguía primero, lo seguía uno de cerca pero todavía no lo pasaba. Iban casi pegados, mostrándose los dientes con furia, recibiendo fustazos endiablados de sus jinetes. Nosotros saltando y gritando, y chasqueando los dedos imitando esos latigazos que buscaban devorar la pista y llegar a la meta.

Tierra derecha, y vamos primeros todavía. Ahora la pelea es más cerrada, van cabeza a cabeza. Faltan 400 metros, y recién ahí nuestro caballo logra despegarse un poco de su perseguidor. Se fue por los palos. Lo hizo, el desgraciado lo hizo, quedan 200 metros y este huevón va a llegar primero. Se despegó medio cuerpo, la meta, la gloria, la parrillada, las 240 lucas.

- ¡¡¡Ganamos huevón, ganamos!!!

- ¡¡¡Ahhhhh llegó primero ese huevón, ganamos!!!

Nos quedamos abrazados y saltando como locos. No lo podíamos creer, ese condenado caballo que se mató corriendo esos 2400 metros nos había regalado una parrillada y 240 lucas a repartir entre los tres pelotudos.

En pleno éxtasis de la victoria, un imbécil tenía que tomarnos de los tobillos y martillarnos los pies al suelo.

- Mire amigo, están repitiendo la llegada, estuvo cerrada parece.

La imagen fue lo peor que nos podían mostrar. La silueta que se asomaba en la parte baja de la pantalla, se adelantaba por una cabeza a nuestra parrillada y nuestras 240 lucas. Una yegua de mierda había corrido más rápido que todos, y por una puta cabeza nos arrebató el triunfo. La porquería esa había llegado primera, nadie se había fijado que esa basura llegó volando por fuera de la pista para quedarse con las fotos, los abrazos, nuestra parrillada y nuestra plata.

No sabíamos si llorar o pegarle un combo al tipo que nos tiró de hocico al suelo. Nos miramos y no dijimos nada.

A esa hora de la noche quedábamos los tres no más, como siempre. El humo era lo único que nos acompañaba. Los rostros de fracaso estaban hechos con calco, los tres pelotudos con la vista perdida. Por más que quisiéramos cambiar de ambiente, esa yegua de mierda nos arrojó de vuelta a nuestra mesa coja, nuestros cigarros baratos, nuestros vasos sucios y nuestros tragos de siempre. Esa Yegua hija de puta nos quitó de las manos esas 240 lucas, cual lanza condecorado del paseo ahumada, nos quitó de la nariz ese apetitoso aroma a carne asada y nos metió hasta los pulmones el mismo olor a cigarro de siempre

- Salud cabros!!!

Fue un brindis patético. Nos quedamos callados, fumando, tomando y puteándonos, como siempre.

3 comentarios:

Camilo Sauvalle dijo...

Exelentes relatos Lesion! Muy pero muy buenos, creas un clima y tension que no permiten salirte de la lectura..... 5 estrellas.

Corto Maltés dijo...

Oye weon vo escribis bien...

Deberiamos publicar mierdita en fanzines... ¿Como sabis?

Esta buena la wea.

Muy buena.

Cata dijo...

ésta wea si que es wena